Ser

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De lo que queres ser parte

viernes, 23 de julio de 2010

Un fin y un principio


Situaciones, esas cuestiones que deciden el vaivén de las cosas. Pensamientos que te dejan en lo cierto y a la vez en lo incierto, osea en la deriva de todo lo logrado.
Se pregunta y reconoce sus errores, pero hay momentos que no va a poder de dejar de cumplir, esto implica lo máximo de si. Queriendo lo prometido desde pequeño.
Es mucho tiempo desperdiciado, idas y vueltas. Puede ser con lágrimas en los ojos, con la sonrisa que encandilaba todo a su paso. O su cara larga que solamente él la lograba.
Mucho se ha pe liado, muchas veces le han ganado, pero las batallas que gano son infinitas. El respeto que tuvo en ese entonces, fue envidiable hasta aquel que cambiaba de calzado todos los santos días.
Llego ese momento de dispersión, de que nada jamás importe. A su único "amor" no le tenía sentido y no sabia muy bien lo que le pasaba. Veía a sus compadres mas entusiasmados que nunca, con una mirada radiante y los signos del dolar dibujados.
No le llamaban la atención estos acontecimientos y fue abocando se más en él. Hasta llegar a encerrarse en su propio cuerpo. Tiro la toalla y dijo "No puedo mas", y nunca con vatio con su amor, solamente lo dejo ir.
El principio fue duro. Contradicciones que iban y venían, lo dejaban a la deriva sin poder pensar. Muchos fueron lo oficios que se le ofrecieron, pero sin mas remedio se arremetió a su almohada para nunca pensar.
Tratándose de olvidar lo vivido. El personaje creado fue el de los más ingenuos que se hayan visto. Nunca una persona se disfrazo tanto en un cuerpo hasta el punto de no dejarlo ser. Era evidente, el tiempo era asqueroso sin nada en lo que pensar.
Personas no tan ajenas, vieron este comportamiento y quisieron intervenir. Todo lo logrado no tenía rédito y veía como se iba por la borda todo lo cometido. Fue así que le comunico una sita con su viejo amor, le comento el horario y el lugar.
El aire era diferente, demasiado para su gusto. Él, como era de esperarse, superior se sentía igual que su acompañante. Sus ojos volvían a brillar, el barro volvía a instalarse. El juego comenzaba a rodar.

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