En el café de los poetas, se encuentran un grupo de importantes abogados, bebiendo su café y discutiendo de política. Así eran todos los jueves para el señor Diego Tolman, él un aficionado en su trabajo y aplicado a la hora de las tareas, observaba a los demás detenidamente; hasta que llegaba la hora de hablar. Sus palabras eran tan claras y concisas que dejaban a todos sus colegas boquiabiertos.
Con el fin de la reunión, se despide y se va hacia su apartamento. La luz de entrada del flamante edificio estaba encendida con Enrique bajo ella.
- Hola Sr Diego ¿ Cómo estuvo su día ?
- Como todos los días. Respondió el Sr Tolman y llamo al ascensor.
El interior de su departamento era sumamente ordenado, los libros acomodados por autor y orden alfabético. Su ropero era admirable, tenía toda la ropa lista para cada uno de los días. Frente a este se encontraba una fotografía de Julio Berne, por el cual Tolman sentía una gran admiración.
Con trabajo, se sienta en su escritorio a terminar archivos que quedaron pendientes y así ganar tiempo para el siguiente día. Hundido en esta rutina, estaba ya hace diez años. Donde su único pasatiempo era el billar.
Era un fin de semana, como todos los sábados, fue al club. En esos momentos cuando se encontraba con el paño verde y las bolas sobre el, se lo notaba vivo. Su sonrisa era muy pegadiza y sus ojos reflejaban a un chico de cinco años cuando recibe un regalo.
Al cabo de juegos y whiskys, se dirige hacia su departamento y se desploma sobre su cama entrando en un sueño profundo.
Un niño se encuentra dibujando en su alcoba. Muy concentrado en sus dibujos y con el entusiasmo de acabar. Culminando su preciado libro, lo guardo y fue a ver televisión. Luego de un tiempo volvió a su alcoba para mostrarle a su padre las obras que había dibujado. Cuando se acerca al lugar observa que sus dibujos no están y que solamente se encuentran hojas blancas, sin nada a la vista. El niño miro a su padre y quebró en un llanto.
Al otro día su padre falleció, la tristeza era dolorosa e interminable. Ya nada le quedaba. Entre medio de lágrimas noto que su libro de hojas blancas no estaba en su lugar, si no que se encontraba arriba de su cama, donde él no lo había dejado.
Abrió el libro y vio que los dibujos estaban nuevamente en su lugar, pero al final había una nota que decía: " Nunca dejes de vivir, siempre seras mi héroe preferido. "
Terminando estas líneas el Señor Tolman se levantó de un salto, con una rara expresión en su rostro.
Habían pasado dos días de aquel sueño, pero en su mecánica vida, todavía seguía retumbando aquel episodio del niño.
Hundido en sus gustos individua les, ya que con su familia se había pe liado y las únicas personas que frecuentaban eran sus coleegas del café y Enrique.
El señor Tolman, sentado en su sillón, observó a su alrededor y rompió a llorar. Fue ahí donde noto que algo andaba mal, algo estaba sucediendo, algo que lo disgustaba pero no sabía que era.
Después de largo tiempo de meditación , sintió la fría soledad que tenía atravesada toda su vida. Tomo el teléfono y llamo a su padre, con lágrimas en los ojos y la voz de un niño le dijo: " Padre ayudame a dibujar mi cuaderno de hojas blancas que hasta el día de hoy he hecho solo garabatos inservibles, ven conmigo y vive tu vida junto a la mía. Perdoname por todo estos años sin hablar. Y recuerda que para siempre vas a ser mi héroe preferido. "
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